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Haciendo Camino por El Regato

Ahora sí. Voy a hablar del lugar por donde se desarrolló este paseo y el del artículo anterior. Son los alrededores de El Regato, un pequeño nucleo de población del municipio de Barakaldo, la ciudad donde nací y donde siempre he vivido. 
Estoy casi seguro de que la idea que se tiene de ella desde fuera, es la de una ciudad grande (verdad - 100.000 habitantes), industrial (verdad a medias - lo fue pero hoy ya no lo es tanto) y cuna de Javier Clemente, el entrenador de futbol (verdad - sin interés en el tema que nos ocupa). Con esta  visión, cuesta imaginar que una parte de su territorio (Barakaldo es un municipio muy extenso) presente muy baja densidad de población y que aún se conserven reductos de espacio natural poco degradado o en proceso de recuperación.
Así son, por diferentes motivos, los alrededores de El Regato. Una joyita verde que merece la pena ser paseada con calma. No conozco muchas actividades en las que puedas poner los 5 sentidos a disfrutar. Si tenéis dudas sobre como entran en juego el gusto o el tacto durante un paseo por el bosque en primavera os diré que me comí dos exquisitas fresas silvestres y que ese agradable frescor húmedo bajo los árboles nos entra (al menos a mí) por la piel.

 Me gustó esta escena. Las formas, la textura y el color del tronco desgarrado en contraposición con la exhuberancia del fondo de hojas.

Lo Natural es Andar

Parece que uno de los hitos en la cadena evolutiva de este homínido que somos, fue el de incorporarse y caminar erguido. Creo haber leído esto en alguno de los libros de Juan Luis Arsuaga que sin duda recomiendo.
Tantos años cazando y recolectando, observando el entorno desde la altura y la velocidad del "caminante", tienen que estar impresos en nuestro ADN de manera que, nuestra percepción en estas condiciones, ha de estar mucho más desarrollada que cuando nos movemos de cualquier otra manera. Esto tiene de científico lo que yo de obispo pero me queda fenomenal para iniciar el artículo.
El hecho es que, estos días de vacaciones he caminado bastante. Casí siempre con la cámara en el cuello. A veces solo y otras acompañado. En mis paseos solitarios por entornos naturales no urbanos, he tenido la sensación de que mis sentidos han estado más alerta de lo habitual. Una manifestación supongo, de nuestro atávico instinto de cazadores (profundizando en mi teoría pseudocientífica ).
En el siguiente artículo os hablaré de este curioso territorio de caza por el que me he movido pero ahora paso ya a mostraros alguna de las fotos. 
 
Solo la luz del sol ya descendiendo puede sacar estos matices a unas jovenes hojas de castaño. 
Foto directa de cámara (la primera vez que actuo así). No se ha tocado ningún parámetro ni en el revelado ni en el procesado. Solo lleva un pequeño recorte y la incorporación del marco.